viernes, 8 de enero de 2016

¿Pollos o águilas? Chicken or Eagles?

“Un hombre encontró un huevo de águila, se lo llevó y lo colocó en el nido de una gallina. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de pollos. Durante toda su vida aquella águila hizo lo mismo que los pollos: escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando, incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, al igual que los pollos. Pasaron los años y el águila se hizo adulta. Un día divisó muy por encima de ella una magnifica ave que volaba majestuosamente moviendo sus poderosas alas doradas. El águila miró asombrada aquel espectáculo, ¿qué es eso? preguntó a una gallina vieja que estaba junto a ella. Es el águila, la reina de las aves -respondió la gallina. Pero no pienses en ello, tú y yo somos diferentes a ella. De manera que el águila no volvió a pensar en aquel asunto; vivió y murió creyendo que era una gallina de corral”.

“Seguir a Cristo no es una imitación exterior, porque afecta al hombre en su interioridad más profunda” (San Juan Pablo II, Carta Encíclica: El Esplendor de la Verdad, 21). Ser cristiano no es un asunto únicamente intelectual o interior, sino, algo que ha de manifestarse en la vida de cada día: “Buenas obras, corazones cristianos, verdadera justicia, caridad, eso es lo que Dios busca en un cristiano. Un cristianismo de misa dominical pero de semanas injustas no agrada al Señor. Un cristianismo de mucho rezo pero con hipocresía en el corazón no es cristianismo” (Beato Oscar Romero).

“El Bautismo no solamente purifica de todos los pecados, hace también del neófito “una creación nueva”, un hijo adoptivo de Dios que ha sido hecho “partícipe de la naturaleza divina”, miembro de Cristo, coheredero con El y templo del Espíritu Santo” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1265). Los cristianos no somos pollos ni águilas, sino hijos e hijas de Dios. “Cristo se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien” (Tit 2, 14); pero corresponde a cada cristiano elegir el estilo de vida que desea para sí mismo: comprometido con Dios, luchando cada día por vivir según las enseñanzas de Jesús en el Evangelio; o cristiano únicamente de nombre, que son quienes no tienen voluntad de comprometerse en serio con Dios, consigo mismo, sus familias, la sociedad, y la Iglesia.

“Tú eres mi Hijo, el predilecto; en ti me complazco” (Lc 3, 22). Son las palabras que se escucharon al momento en que Jesús fue bautizado por San Juan Bautista. Lo mismo dice Dios de cada uno de nosotros cuando fuimos bautizados. El gran peligro de ser cristianos es olvidar quiénes somos, vivir como pollos en vez de elevarnos por la vida como águilas. Es nuestra responsabilidad, ayudados por la gracia de Dios, desarrollar todo el potencial que Dios ha puesto en nuestro ser, y ponerlo al servicio de nuestras familias, parroquia, y sociedad en que vivimos.

¿Sabe usted quién es?


“A man found an eagle’s egg and put it in a nest of a barnyard hen. The eaglet hatched with the brood of chicks and grew up with them. All his life the eagle did what the barnyard chicks did, thinking he was a barnyard chicken. He scratched the earth for worms and insects. He clucked and cackled. And he would thrash his wings and fly a few feet into the air. One day he saw a magnificent bird above him in the cloudless sky. It glided in graceful majesty among the powerful wind currents, with scarcely a beat of its strong golden wings. The old eagle looked up in awe. “Who’s that?” he asked. “That’s the eagle, the king of the birds,” said his neighbor. “He belongs to the sky. We belong to the earth—we’re chickens.” So the eagle lived and died a chicken, for that’s what he thought he was.”

“Following Christ is not an outward imitation, since it touches man at the very depths of his being” (Saint John Paul II, Veritatis Splendor, 21). Being Christian is not just an intellectual or internal matter, but something that should manifest in everyday life: “Good works, Christian hearts, true justice, charity --- these are what God looks for in a Christian. A Christianism of Sunday Mass but of unjust weeks does not please the Lord. A Christianism of much praying but with hypocrisy in the heart is not Christian” (Blessed Oscar Romero).

“Baptism not only purifies from all sins, but also makes the neophyte ‘a new creature,’ an adopted son of God, who has become a ‘partaker of the divine nature,’ member of Christ and co-heir with him, and a temple of the Holy Spirit” (Catechism of the Catholic Church, 1265). As Christians we are neither chicken nor eagles, we are the sons and daughters of God. “Jesus Christ, who gave himself for us to deliver us from all lawlessness and to cleanse for himself a people as his own, eager to do what is good” (Titus 2:13-14). It is up to each Christian to choose the lifestyle that they wish for themselves: committed to God, fighting every day according to the teachings of Jesus in the Gospel; or Christian only by name, those who do not have the willingness to seriously commit themselves to God, with themselves, their families, society and the Church.

“You are my beloved Son; with you I am well pleased” (Luke 3:22). These words are heard at the moment in which Jesus is baptized by Saint John the Baptist. God says the same when each and every person is baptized. The greatest threat of being Christian is forgetting who you are, living like a chicken instead of elevating through life like an eagle. It is our responsibility, aided by the grace of God, to develop all the potential that God has placed in our being, and put it at the service of our families, parish, and society in which we live.

Do you know who you are?

Fr. Marco Lopez  


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