lunes, 29 de diciembre de 2014

Dejar a Dios ser Dios


Para algunos es un escándalo que Dios haya decidido hacerse humano, que naciera en un establo entre animales, desprovisto de todo bienestar material. Pero ese es nuestro Dios. En su libro: “Dejar a Dios ser Dios”, el padre Carlos G. Valles, sacerdote Jesuita, escribe: “Dime como concibes a Dios, cómo lo llamas, cómo le rezas, cómo te lo imaginas cuando le hablas, cómo interpretas sus mandamientos y reaccionas cuando los quebrantas; dime qué esperas de él en esta vida y en la otra, qué sabes de él y has leído de él…, dime todo eso y me habrás contado la biografía de tu alma. La idea que una persona tiene de Dios es el compendio de su propia vida”.

El evangelio de este domingo nos narra el encuentro de tres reyes magos con el Niño Jesús. ¿Cómo se enteraron de su nacimiento? ¿Cómo lograron reconocer que aquél Niño, en apariencia igual a cualquier niño, era el Hijo de Dios? Esto fue obra de Dios en aquellos hombres, pues “el deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y solo en Dios encontrará  el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar” (Catecismo de la Iglesia Católica, 27).

Es necesario dejar a Dios ser Dios, es decir, redescubrir su presencia en la naturaleza que El ha creado, pero especialmente en cada persona: niño, niña, jóvenes, hombres y mujeres, “pues El mismo, el Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo ser humano. Trabajó con manos de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado” (Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, 22).

El Niño a quien los pastores visitan en aquel pesebre, continúa presente entre nosotros de manera silenciosa en cada uno de los sacramentos, pero de manera muy especial en la Santísima Eucaristía, que El mismo instituyó para alimentarnos en nuestro caminar por este mundo. Hace falta que también redescubramos su presencia en la Biblia que es su Palabra.

Al comenzar el año 2015, una buena meta a nivel personal, familiar, y parroquial, sería proponernos redescubrir a Dios en nuestra propia vida. Que podamos decir, como San Agustín: “Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo”.


Fr. Marco.

 

martes, 23 de diciembre de 2014

El poder de una familia. The power of family.

“Un hombre y una mujer unidos en matrimonio forman con sus hijos una familia. Esta disposición es anterior a todo reconocimiento por la autoridad pública; se impone a ella. Al crear al hombre y a la mujer, Dios instituyó la familia humana y la dotó  de su constitución fundamental. Sus miembros son personas iguales en dignidad” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2202, 2203). La familia no es un invento del hombre, ni de la Iglesia, sino de Dios mismo.

La familia es el centro de la sociedad, la primera escuela e iglesia doméstica; por eso, el poder transformador que posee en la Iglesia y en la sociedad. Pero, esta es también la razón principal por la cual la institución familiar ha sido atacada desde sus orígenes por el maligno: “Son muchas las insidias que amenazan la solidez de la institución familiar en la mayor parte de los países de América, se deben mencionar, entre otros, el aumento de los divorcios, la difusión del aborto, del infanticidio y de la mentalidad contraceptiva” (San Juan Pablo II, Iglesia en América, 46).

Todos soñamos con un mundo y una Iglesia mejor, pero: ¿Quién puede limpiar el mundo del crimen del aborto, hacer que los esposos permanezcan unidos hasta que la muerte los separe? ¿Inspirar en los niños y jóvenes, alegría e ilusión por la vida, estudio, y trabajo? ¿Hacer de nuestros niños, niñas, y jóvenes, buenos cristianos y excelentes ciudadanos? Dios, sí, pero a través de cada familia, sin su participación y colaboración Dios no hace nada, porque “la familia es la comunidad en la que, desde la infancia, se pueden aprender los valores morales, se comienza a honrar a Dios y a usar bien de la libertad. La vida de familia es iniciación a la vida en sociedad” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2207). No son la Iglesia ni el Gobierno los responsables de educar a los niños y niñas, sino los padres de familia, esto “tiene tanto peso que, cuando falta, difícilmente puede suplirse” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2221).

Un papá estaba trabajando en su taller y su niño pequeño se acercó para preguntarle: ¿papá que estás haciendo? El trató de explicarle, pero el niño hizo la misma pregunta, una y otra vez. Finalmente, para que el niño lo dejara trabajar el padre le entregó un mapa del mundo para que lo armara, pensando que así lo dejaría en paz, el niño se fue a la sala pero en unos minutos regresó gritando: ¡Terminé! El padre sorprendido, preguntó: ¿Cómo lo armaste tan rápido? En la parte de atrás del mapa, dijo el niño, hay un dibujo de una familia, arreglé la familia y así reconstruí el mundo.

¿Qué está dispuesto usted a hacer por su familia en el 2015?                                         

“A man and a woman united in marriage, together with their children, form a family. This institution is prior to any recognition by public authority, which has an obligation to recognize it. In creating man and woman, God instituted the human family and endowed it with its fundamental constitution. Its members are persons equal in dignity” (Catechism of the Catholic Church, 2202, 2203). Family is not an invention of man, or the Church, but of God.

Family is the center of society, the first school and domestic church; therefore, it possesses a transformative power in the Church and in society.  But this is also the main reason why the family institution has been attacked from its beginning by evil: “Many insidious forces are endangering the solidity of the institution of the family in most countries of America, and these represent so many challenges for Christians. Among them we should mention the increase in divorce, the spread of abortion, infanticide and the contraceptive mentality” (Ecclesia In America, Saint John Paul II, 46).

We all dream of a better world and Church, but who can rid the world of abortion? Make marriages stay together until death do they part? Inspire children and youth joy and enthusiasm for life, learning, and work? Make our children and youth good Christians and excellent citizens? God can, but only through every family. Without their participation and collaboration God cannot do anything, because “the family is the community in which, from childhood, one can learn moral values, begin to honor God, and make good use of freedom. Family life is an initiation into life in society” (Catechism of the Catholic Church, 2207). The government and the Church are not responsible for educating children, but rather the parents, this “is of such importance that it is almost impossible to provide an adequate substitute” (Catechism of the Catholic Church, 2221).

A father was working in his garage and his son asked him: “dad what are you doing?” He tried to explain but his son asked him the same question over and over again. Finally, so that his son would leave him alone to work, he gave him a puzzle of a map of the world to build, thinking that would leave him alone. The boy went into the living room but in just a few minutes he came back screaming: “I finished!” The father surprised, asked: “How did you build it so fast?” “On the back of the map,” the boy said “is a picture of a family. I arranged the family and so built the world.”

What are you willing to do for your family in 2015?                               

Fr. Marco

viernes, 19 de diciembre de 2014

EL PODER DE UNA MUJER

 
 
Una mujer abrió la puerta al pecado, otra mujer hace posible se realice la salvación de Dios en favor de la humanidad. San Pablo reconoce el poder de la mujer cuando afirma: “por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte” (Rm 5,12); “¡Cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre Jesucristo, se ha desbordado sobre todos!” (Rm: 5,15). Eva aceptó desobedecer a Dios y obedecer al maligno; Adán, consintió a través de ella la propuesta de desobediencia; María, decidió obedecer a Dios, haciendo posible que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad se encarnara en su vientre y se hiciera verdadero Hombre. El pecado y la gracia entran en el mundo por decisión de una mujer.
“Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva”(Gal 4, 4) Esto no hubiese sucedido sin la participación total de una mujer: Santa María. Hay muchas cosas que difícilmente pueden realizarse en nuestras familias, Iglesia y sociedad, sin la participación comprometida de una mujer. Solo la mujer tiene el don de concebir y dar a luz una nueva vida humana, cuidar con especial atención la alimentación, crecimiento humano, espiritual, psicológico, intelectual y social de cada niño y niña; lo que es el corazón, el cerebro, y el alma en el cuerpo humano, es la mujer en cada familia.
Pero“todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Porque ‘el genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social; por ello, se ha de garantizar la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral’, y en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes, tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales” (Papa Francisco, “La Alegría del Evangelio”n. 103). Por no entender que la mujer, aunque distinta en su ser, es igual en dignidad al hombre; es decir, la mujer no es menos que el hombre, le ha sido negado a las mujeres por muchos siglos: estudiar, participar en la vida política; en incluso, en la misma Iglesia, solo después del Concilio Vaticano II, se ha reconocido a la mujer una mayor participación en las comunidades cristianas.
No sé si históricamente es verdad que Pocahontas salvó la vida de John Smith, la historia cuenta que ella pidió a su papá que no lo asesinara. Lo que sí sabemos es que Dios puso nuestra salvación en manos de una mujer: Santa María Virgen, gracias a su SI, Jesús se hizo Hombre para salvarnos del pecado.
El poder de una mujer, para bien o para mal, está presente en el mundo desde el origen de la humanidad: ¿Cómo está educando a sus hijas: haciéndoles creer que son inferiores a los niños, o ayudándoles a comprender que son iguales en dignidad? El mundo de hoy, necesita mujeres, que como María, escuchen la voz de Dios y hagan triunfar el bien sobre el mal.
Fr. Marco