martes, 24 de julio de 2012

Nuestra actitud puede convertir nuestros problemas en bendiciones.


En su libro “Actitud de Vencedor, la clave del éxito personal”; John C. Maxwell, hablando sobre la importancia que tiene nuestra actitud ante la vida, dice lo siguiente:
“En Awake My Heart (Despierta Corazón), mi amigo J. Sidlow Baxter escribe: “¿Cuál es la diferencia entre un obstáculo y un oportunidad? Nuestra actitud hacia él. Toda oportunidad tiene una dificultad y toda dificultad tiene una oportunidad.
Al enfrentar una situación difícil, una persona con una actitud destacada hace lo mejor que puede con ella, aunque obtenga lo peor de ella. La vida puede ser semejante a una piedra de afilar. Si acaba con usted o le pule depende del material con que usted está hecho.
Asistiendo a una conferencia para lideres jóvenes, oí esta afirmación: “Ninguna sociedad ha desarrollado hombres tenaces en tiempo de paz”. La adversidad es prosperidad para los que poseen una gran actitud. Los volantines o papalotes se elevan contra, no con el viento. Cuando el viento adverso de la crítica sopla, deje que sea para usted como el viento es para el volantín, una fuerza contra la que esta se eleva más rápido. Un volantín no vuela a menos que tenga la tensión controladora de la cuerda que lo ata abajo. Lo mismo sucede en la vida.
Cuando los compañeros de escuela de Napoleón se burlaron de el por su origen humilde y su pobreza, este se dedico por entero a sus libros. Destacándose rápidamente entre ellos, en los estudios, demandó respeto. Pronto fue considerado el más brillante de la clase.
Pocas personas conocían a Abraham Lincoln hasta que el terrible peso de la guerra civil mostró su carácter.
Cuando Dios quiere educar a un hombre no lo envía a  una escuela de gracias, sino de necesidades. Pasando por el pozo y el calabozo es que Josué llegó al trono de Egipto. Moisés pastoreaba ovejas en el desierto antes que Dios lo llamara a su servicio. Pedro, humillado y arrepentido por negar a Cristo, aceptó el llamamiento “apacienta mis ovejas”. Oseas fue amado y cuidado por una mujer infiel que estaba fuera de la obediencia a Dios.
Los grandes líderes surgen cuando ocurren las crisis. En las vidas de las personas que triunfan vemos repetidamente terribles problemas que les fuerzan a levantarse por encima del promedio común. No solo encuentran las respuestas sino que descubren un tremendo poder dentro de sí mismas. Como el agua subterránea produce olas muy adentro en el océano, esta fuerza interior explota en una poderosa onda cuando las circunstancias parecen superarse. Entonces transpone el límite el deportista, el autor, el estadista, el científico o el hombre de negocios.
Sabremos si nuestra actitud esta en el carril apropiado cuando seamos como el modesto hombre de negocios cuya tienda de ropa estaba amenazada con desaparecer. La tienda de una cadena nacional se había instalado allí y había adquirido todas las propiedades de su manzana.
Este hombre muy particular se rehusó a vender. “Muy bien, entonces construiremos a su alrededor y lo sacaremos del negocio”, le dijeron los competidores. Llegó el día cuando el pequeño comerciante se encontró encerrado, con una nueva tienda por departamentos rodeando por ambos lados a su pequeño negocio. Los cartelones de los competidores anunciaban “¡Gran inauguración!” El comerciante puso un cartel a todo lo ancho de su tienda que decía: “Entrada principal”.





domingo, 19 de febrero de 2012

Prayer of St. Pio of Pietrelcina, after Communion

"Stay with me Lord"


Stay with me, Lord, for it is necessary to have You present so that I do not forget You. You know how easily I abandon You.
Stay with me, Lord, because I am weak and I need Your strength, that I may not fall so often.
Stay with me, Lord, for You are my life, and without You, I am without meaning and hope.
Stay with me, Lord, for You are my light, and without You, I am in darkness.
Stay with me, Lord, to show me Your will.
Stay with me, Lord, so that I can hear Your voice and follow You.
Stay with me, Lord, for I desire to love You ever  more, and to be always in Your Company.
Stay with me, Lord, if  You wish me to be always faithful to You.
Stay with me, Lord, for as poor as my soul is, I wish it to be a place of consolation for You, a dwelling of Your love.

Stay with me, Jesus,  for it is getting late; the days are coming to a close and life is passing. Death, judgement and eternity are drawing near. It is necessary to renew my strength, so that I will not stop along the way, and for that I need You. It is getting late and death approaches. I fear the darkness, the temptation, the dryness, the cross, the sorrows. O how I need You, my Jesus, in this night of exile!

Stay with me, Jesus, because in the darkness of this life, with all its dangers, I need You.

Help me to recognize You as Your disciples did at the Breaking of the Bread, so that the Eucharistic Communion be the light which disperses the darkness, the power which sustains me, the unique joy of my heart.

Stay with me, Lord, because at the hour of my death I want to be one  with You, and if not by Communion, at least by Your grace and love.

Stay with me, Lord, Jesus. I do not ask for divine consolations because I do not deserve them, but I only ask for the gift of Your Presence. Oh yes! I ask this of You!

Stay with me, Lord, for I seek You alone, Your Love, Your Grace, Your Will, Your Heart, Your Spirit, because I love You and I ask for no other reward but to love more and more, with a strong and active love.

Grant that I may love You with all my heart while on earth, so that I can continue to love You perfectly throughout all eternity, dear Jesus. Amen!