3/14/2014

Los Dos Lobos

 
Para explicar la presencia del mal en cada persona, Jesús nos dice: "lo que sale de la boca viene de dentro del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adul-terios, fornicaciones, robos, falsos testimo-nios, injurias" (Mt 15, 18-19). Una de las peores situaciones de un cristiano o cristiana es cuando piensa que todo está bien en su vida, que no hay nada de qué arrepentirse ni corregir. Pero el mal es como un gato: tarde o temprano saca sus uñas.
Un abuelito quería explicar a su nieto la ex-istencia del bien y el mal en el ser humano, para lo cual le dijo: "En cada persona existen dos lobos, uno bueno y otro malo, los dos luchan constantemente entre sí. El niño preguntó: ¿Cuál de los dos ganará la batalla? Aquél al que tú alimentes, contestó el ancia-no". Cada día conocemos acontecimientos horribles alrededor del mundo, y la pregunta es: ¿Por qué? porque muchas personas con-tinúan alimentando al lobo malo en sus vidas. Por la misma razón suceden maltratos e infi-delidades entre esposos, descuido en la for-mación humana, espiritual e intelectual de los niños; rebeldía en algunos hijos e hijas que no quieren estudiar ni ayudar en sus casas. Porque el lobo malo está bien alimentado muchos cristianos no asisten a misa, no se confiesan, viven en unión libre, son esclavos del alcohol, droga, tecnología, pornografía, y toda clase de inmoralidades.
Hombres y mujeres de diferentes credos re-ligiosos, clases sociales, y nivel intelectual continúan fracasando en nuestro mundo, porque el mal no respeta a nadie, quien lo deja crecer en su interior acaba siendo destruido por él, pues como enseñó San Pablo: "la paga del pecado es la muerte" (Rm 6, 23); esto es matemáticamente exacto.
El proceso de conversión en una persona ini-cia en su interior, ahí es donde Dios comienza la transformación de un ladrón como Mateo, un incrédulo parecido a Tomas, un hombre que niega al Señor igual a Pedro; pero Dios no puede convertir a quien, como Judas Iscariote, decide endurecer su corazón a la Gracia de Dios.
Ahora es su turno y el mío: ¿Cuál de los dos lobos está ganando la batalla en su interior? ¿A cuál está alimentando usted?
Dios le bendiga.
Marco

6/24/2013

¿Cómo puedo saber cuál es la voluntad de Dios para mi vida?


Estaba predicando en una parroquia vecina, cuando de repente una mujer levantó su mano y me preguntó: ¿Cómo puedo saber cuál es la voluntad de Dios para mí vida?

La pregunta de esta mujer hace referencia al punto más importante de nuestra existencia cristiana, porque, como dijo el Cardenal Francis Xavier Nguyen Van Thuan: “La voluntad de Dios es nuestro pasaporte para el cielo” (El Camino de la Esperanza, n. 28). Pero, vivir de acuerdo a la voluntad de Dios; es además, indispensable para conseguir la felicidad verdadera también en este mundo: No hay felicidad auténtica si vivimos cualquier aspecto de nuestra vida de espaldas a la voluntad de Dios.

La respuesta a la pregunta: Cómo puedo saber cuál es la voluntad de Dios para mi vida, puede parecer lógica para muchos: guardar los Mandamientos de Dios, pero, muchas veces, aunque los conozcamos de memoria nos resulta difícil acomodar nuestra existencia a ellos. Sin embargo, si de verdad deseamos descubrir la voluntad de Dios es fundamental que nos preguntemos:

1.    ¿Concuerda esta decisión con la Palabra de Dios?

2.    ¿Puedo pedirle realmente a Dios que me ayude a lograr lo que estoy haciendo?

3.    ¿Tengo paz genuina en mi conciencia?

4.    ¿Mi decisión está en armonía con mi condición de hijo/a de Dios?

5.    ¿Está de acuerdo esta decisión con el plan de Dios para mi vida?

6.    ¿Beneficia esta decisión a mi familia, mi comunidad cristiana?

7.    ¿Honra esta decisión a Dios?

Creo sinceramente que cada uno de nuestros problemas, el que sea, tiene su origen en el hecho de que ignoramos la voluntad de Dios para nuestra vida. Muchas veces quizás ni siquiera nos preguntamos qué es lo que realmente Dios quiere para nosotros. El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que: “por la fe, el hombre somete completamente  su inteligencia y su voluntad a Dios” (n.143). Y es en el entendimiento y conciencia donde Dios nos muestra su voluntad a cada uno.

Nada tan importante para que Dios nos muestre su voluntad como la oración, la lectura bíblica, recibir el perdón de nuestros pecados a través del sacramento de la Confesión; porque “es sabido que Dios no escucha a los pecadores, pero al que honra a Dios y cumple su voluntad, Dios lo escucha” (Jn 9, 31). En otras palabras, quien desee ser escuchado por Dios y conocer cuál es su voluntad tendrá que hacer su mejor esfuerzo para agradarle con su vida.

A veces las personas se acercan al sacerdote diciéndole: “padre, por favor ore por mi porque usted está más cerca de Dios”. El sacerdote puede y debe orar por su pueblo, pero usted es  hijo, hija de Dios, y El quiere mostrarle cual es su voluntad para su vida en cada aspecto de su existencia. Sería injusto que Dios desee que hagamos su voluntad y no nos muestre lo que quiere que hagamos. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6/17/2013

LA DUDA TRAJO EL OCASO


Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar un altísima montana, inicio su travesía después de muchos años  de preparación, pero quería la gloria sólo para él, por lo tanto subió sin compañeros.

 
Comenzó a subir y se le fue haciendo tarde, y más  tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo, y oscureció. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, la luna y las estrellas estaban cubiertas de nubes. Subiendo por un acantilado, a sólo unos metros de la cima, resbaló y se desplomó por el aire, cayendo a velocidad vertiginosa. El alpinista solo podía ver veloces manchas oscuras y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo…

 
Y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente los episodios gratos y no tan gratos de su vida. Pensaba en la cercanía de la muerte. Sin embargo, de repente, sintió el tirón de la larga soga que lo amarraba de la cintura en las estacas clavadas en la roca de la montaña. En ese momento de gratitud, suspendido en el aire, no le quedó mas que gritar: “¡Ayúdame Dios mío!”.

De repente, una voz grave y profunda de los cielos le contestó:

“¿Qué quieres que haga?”

“¡Sálvame Dios mío!”

“¿Realmente crees que yo te pueda salvar?, Entonces, corta la cuerda que te sostiene”.

Y el hombre se aferró más y más a la cuerda.

 
Cuenta el equipo de rescate, que al otro día encontraron a un alpinista colgado, muerto, congelado, y agarradas sus manos fuertemente a la cuerda… a tan sólo unos metros del suelo.

 
¿Y tú? ¿Qué tan aferrado estas a tu cuerda? ¿Te soltarías?


Nunca dudes de Dios. Nunca debes decir que El te ha olvidado o abandonado. No pienses jamás que El no se ocupa de ti. Recuerda siempre que El te sostiene su Mano Derecha. Isaías 41:13

7/24/2012

Nuestra actitud puede convertir nuestros problemas en bendiciones.


En su libro “Actitud de Vencedor, la clave del éxito personal”; John C. Maxwell, hablando sobre la importancia que tiene nuestra actitud ante la vida, dice lo siguiente:
“En Awake My Heart (Despierta Corazón), mi amigo J. Sidlow Baxter escribe: “¿Cuál es la diferencia entre un obstáculo y un oportunidad? Nuestra actitud hacia él. Toda oportunidad tiene una dificultad y toda dificultad tiene una oportunidad.
Al enfrentar una situación difícil, una persona con una actitud destacada hace lo mejor que puede con ella, aunque obtenga lo peor de ella. La vida puede ser semejante a una piedra de afilar. Si acaba con usted o le pule depende del material con que usted está hecho.
Asistiendo a una conferencia para lideres jóvenes, oí esta afirmación: “Ninguna sociedad ha desarrollado hombres tenaces en tiempo de paz”. La adversidad es prosperidad para los que poseen una gran actitud. Los volantines o papalotes se elevan contra, no con el viento. Cuando el viento adverso de la crítica sopla, deje que sea para usted como el viento es para el volantín, una fuerza contra la que esta se eleva más rápido. Un volantín no vuela a menos que tenga la tensión controladora de la cuerda que lo ata abajo. Lo mismo sucede en la vida.
Cuando los compañeros de escuela de Napoleón se burlaron de él por su origen humilde y su pobreza, éste se dedicó por entero a sus libros. Destacándose rápidamente entre ellos, en los estudios, demandó respeto. Pronto fue considerado el más brillante de la clase.
Pocas personas conocían a Abraham Lincoln hasta que el terrible peso de la guerra civil mostró su carácter.
Cuando Dios quiere educar a un hombre no lo envía a  una escuela de gracias, sino de necesidades. Pasando por el pozo y el calabozo es que Josué llegó al trono de Egipto. Moisés pastoreaba ovejas en el desierto antes que Dios lo llamara a su servicio. Pedro, humillado y arrepentido por negar a Cristo, aceptó el llamamiento “apacienta mis ovejas”. Oseas fue amado y cuidado por una mujer infiel que estaba fuera de la obediencia a Dios.
Los grandes líderes surgen cuando ocurren las crisis. En las vidas de las personas que triunfan vemos repetidamente terribles problemas que les fuerzan a levantarse por encima del promedio común. No solo encuentran las respuestas sino que descubren un tremendo poder dentro de sí mismas. Como el agua subterránea produce olas muy adentro en el océano, esta fuerza interior explota en una poderosa onda cuando las circunstancias parecen superarse. Entonces transpone el límite el deportista, el autor, el estadista, el científico o el hombre de negocios.
Sabremos si nuestra actitud está en el carril apropiado cuando seamos como el modesto hombre de negocios cuya tienda de ropa estaba amenazada con desaparecer. La tienda de una cadena nacional se había instalado allí y había adquirido todas las propiedades de su manzana.
Este hombre muy particular se rehusó a vender. “Muy bien, entonces construiremos a su alrededor y lo sacaremos del negocio”, le dijeron los competidores. Llegó el día cuando el pequeño comerciante se encontró encerrado, con una nueva tienda por departamentos rodeando por ambos lados a su pequeño negocio. Los cartelones de los competidores anunciaban “¡Gran inauguración!” El comerciante puso un cartel a todo lo ancho de su tienda que decía: “Entrada principal”.





2/19/2012

Prayer of St. Pio of Pietrelcina, after Communion

"Stay with me Lord"


Stay with me, Lord, for it is necessary to have You present so that I do not forget You. You know how easily I abandon You.
Stay with me, Lord, because I am weak and I need Your strength, that I may not fall so often.
Stay with me, Lord, for You are my life, and without You, I am without meaning and hope.
Stay with me, Lord, for You are my light, and without You, I am in darkness.
Stay with me, Lord, to show me Your will.
Stay with me, Lord, so that I can hear Your voice and follow You.
Stay with me, Lord, for I desire to love You ever  more, and to be always in Your Company.
Stay with me, Lord, if  You wish me to be always faithful to You.
Stay with me, Lord, for as poor as my soul is, I wish it to be a place of consolation for You, a dwelling of Your love.

Stay with me, Jesus,  for it is getting late; the days are coming to a close and life is passing. Death, judgement and eternity are drawing near. It is necessary to renew my strength, so that I will not stop along the way, and for that I need You. It is getting late and death approaches. I fear the darkness, the temptation, the dryness, the cross, the sorrows. O how I need You, my Jesus, in this night of exile!

Stay with me, Jesus, because in the darkness of this life, with all its dangers, I need You.

Help me to recognize You as Your disciples did at the Breaking of the Bread, so that the Eucharistic Communion be the light which disperses the darkness, the power which sustains me, the unique joy of my heart.

Stay with me, Lord, because at the hour of my death I want to be one  with You, and if not by Communion, at least by Your grace and love.

Stay with me, Lord, Jesus. I do not ask for divine consolations because I do not deserve them, but I only ask for the gift of Your Presence. Oh yes! I ask this of You!

Stay with me, Lord, for I seek You alone, Your Love, Your Grace, Your Will, Your Heart, Your Spirit, because I love You and I ask for no other reward but to love more and more, with a strong and active love.

Grant that I may love You with all my heart while on earth, so that I can continue to love You perfectly throughout all eternity, dear Jesus. Amen!